jueves, 17 de enero de 2013

#3 La despedida

   Recuerdo aquella tarde en aquel café, llovía fuerte fuera, golpeaba el cristal. Llegué yo primero, cogí asiento, pedí una bebida, aunque dudaba que fuera a beber mucho de ella. El nudo que tenía en el estómago se atenuaba por momentos, recordándome lo que se acercaba. No se cuanto tiempo pase allí sentado, mirando sin ver la punta de mis zapatos, perdido en mis pensamientos. Solo levanté la mirada cuando sentí moverse la silla frente a mí, y allí estabas tú, igual de bella que siempre, con tu morena melena caída sobre tu hombro derecho. Vi tus enrojecidos ojos castaños, con señales de haber llorado. La verdad es que yo también estaba al borde de las lágrimas.
   Te sentaste, sin dejar de mirarme, como esperando que fuese yo quien rompiese el delicado silencio que se cernía entre los dos. Hablé con una voz quebrada que no parecía mía:
   -Quizás esta sea la última vez que nos veamos. No llores, por favor.
   Pero ya era tarde. Vi como una lágrima resbalaba por tus mejillas y mis ojos también se empañaron. No quería llevarme como último recuerdo una lágrima. ¿Por qué no le dije que estaba preciosa? ¿Por qué no le hable de los buenos momentos a su lado? ¿Por qué no intente aplazar un poco la despedida? ¿Fue porque pensé que sería menos doloroso? Si así fue, desde luego que me equivoque. Desde aquel día no he vuelto a ser el mismo, y no ha pasado una noche en la que no haya pensado en ella.

(17-01-13)

No hay comentarios:

Publicar un comentario