Ya ha
pasado tiempo de aquellos abrazos,
de
aquellos mil días robados. Ahora tatúo folios.
Soy un
amargado buscando la felicidad por tiendas y mercados.
Mis
puños apretados.
Los
labios partidos. Me siento derrotado pero sigo.
Solo
veo enemigos tras cristales.
Refugio
mi miseria por las calles,
por los
sitios donde un día te tuve como acompañante.
Soy un
“desde que te fuiste, niña, mi vida es más triste”.
“Resiste”,
me digo, “porque volverá contigo”.
Y no
tengo más motivos para seguir firme
que la
esperanza del ‘qué traerá el destino’.
Y ahora
que no te tengo pienso,
quizás
no fueras tú la princesa de este cuento,
y yo
llevo equivocado tanto tiempo…
Ya paso
de rayadas, no quiero segundo intento.
Vuelvo
de cero.
Y me
imagino musas. Pienso en estereotipos:
piel
morena, perfecto ombligo, cabello largo y castaño, pido.
Mona,
sonrisa diez, bajita, y le hago mil hijos.
Con
sentido del humor, que sepa hablar de sexo y de amor.
Que se
acepte como es, que me acepte como soy.
Que no
se venga abajo ante ninguna opinión.
Y que
se muerda el labio mientras le canto esta canción.
Fuerte
y delicada, no intente parecerse a las chicas de las portadas,
sea
firme en sus ideas, no le importe nada.
La
excepción que confirme la regla, tumbada en mi cama.
Esa
chica que pida pero devuelva.
Que
sepa jugar aunque pierda.
Que
ofenda y luego pida perdón.
Que
cuando toque mi cuerpo olvide el autocontrol,
y que
me pida que me quede otra noche entre sus piernas.
Que se
ponga de puntillas y no de rodillas.
Que
lleve alta la barbilla. Que sea distinta.
Y ojalá
existiera una como pide este artista,
Pero…
el karma es el karma, los sueños son sueños.
Probablemente
acabe mirando en un espejo,
encontrando
solo defectos, pretextos,
coja
una chaqueta del armario del recuerdo
y salga
a caminar de noche, de nuevo.