sábado, 14 de septiembre de 2013

Días de bajón

   Hoy estoy en uno de esos días en los que no me apetece hacer nada. Me siento en mi cuarto, cojo el ordenador y... ya. Vago por Internet, echo un vistazo a mis redes, veo algún vídeo en Youtube o juego un poco a algún juego, haciendo tiempo hasta que se acabe el día. Enciendo la televisión y me recorro todos los canales una y otra vez, hasta que me decanto por apagarla y asomarme a la ventana. La abro un poco por arriba para que entre aire fresco. Miro hacia el mar, al fondo, y me entretengo viendo pasar las nubes encima de él. Fuera en la calle, no hay nadie. El viento mece las hojas de los árboles. 
   Reviso mi móvil una vez más, esperando unos mensajes que no llegan. Parece que fuera de estas cuatro paredes todos se han olvidado de mí. Al menos, dentro de este cuarto soy el rey del mundo. El rey de mi mundo.
   Ya han pasado siete horas desde que me levanté y ahora que me paro a pensarlo, hoy no he sonreído ni una vez. Tampoco he tenido ningún motivo para hacerlo, ¿no? Supongo que la culpa es mía. Enciendo el aparato de música y pongo un disco de Coldplay. Me siento y disfruto de la música mientras escribo esto. Me reconforta. 
   Aún son las seis y media. Podría hacer planes, pero... ¿con quién? No me apetece ver a nadie. Bueno, miento, sí que me apetece ver a una persona. Siempre me apetece verla, no importa que esté de bajón. Mierda. Lo he vuelto a hacer. Me prometí que no pensaría en ella. Mejor no pensar en ella. Mejor no pensar en nada. Subo más el volumen de la música. Ya está acabando el disco. Voy a levantarme a dar una vuelta por casa. Abriré la nevera cincuenta veces esperando que aparezca dentro algo que me apetezca comer y luego volveré a mi habitación. Mi reino. Mi mundo. Meteré otro disco de música. Basta de sensiblerías. Meto 'Curtain Call' de Eminem, enciendo la lámpara y bajo la persiana. Subo el volumen. Más. Más. Perfecto. Voy a entrar en mis redes y a abrir conversación a esas personas que siempre están ahí mientras escucho a mi ídolo hablarme por los altavoces.  
   No ha sido un día bueno, ni mucho menos. Es más, sigo sin haber sonreído ni una sola vez pero, bueno, podía ser peor. Siempre puede serlo.

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