Talento
que desborda cada hoja que frecuento.
Soy un
ente diferente entre la gente.
El
límite que tengo es el tamaño del folio,
y el
único amor que siento y siempre he sentido es el propio.
El
físico es el envoltorio del caramelo,
que
puede ser malo o bueno,
siempre
oculto tras un casco.
La
cáscara, la máscara que utilizan los falsos.
El
marco de ese cuadro que relata mil batallas.
“Genio”,
me gritan, cuando subo a la tarima.
Con mis
rimas les cautivo fácilmente y mi talento
va de
boca en boca por los bares de esas locas
que
derrochan sus palabras buscando respuestas tontas que no llegan.
Perdí
la cabeza por culos que un día pasaron por mi lado
y me
causaron la jaqueca.
Aprendí
que las muñecas están huecas,
que las
bellas no presumen de belleza,
que
cualquier río se seca, algún día.
Verás,
cuantas perras hoy querrían cortejar con este artista,
probar
estos labios y gritarlo. Pero yo paso del tema.
Si me
quieren por un físico idílico, no hay trato.
Trato
de entender que quieren,
si es
mi cuerpo o es mi alma, si hay alguien diferente.
Me bajo
del escenario, aplaudo al público.
Corro a
mi camerino y allí escribo lo vivido.
Sensaciones
repetidas que algún día tocaran fin,
y el
fin de cada escrito es hacerme sobrevivir.
Que
decir, es talento.
Y no
hay otra excusa burda cuando explicación no encuentro.
Nadie
tiene la culpa, si ya era genio en la cuna,
si me
puse un día de meta la más alta cima o duna,
giro
entorno a la penuria.
Genialidad
derrocho, desde aquel noventa y ocho,
desde
el veintiocho de mayo hasta el foso de la muerte.
La vida
va por medio, los años son de relleno
y en
medida de tus actos vas siempre atado a la suerte.
Que me
van a decir esos estúpidos,
si solo
acepto consejos de gente mejor que yo.
A quien
van a corregir esos idiotas,
si soy
pura perfección, y mis errores son victorias.
Resurjo
de mis cenizas cual fénix,
y hago
cosas que solo habías visto en pelis.
Feliz,
si aún es posible en este mundo,
y en mi
reino imaginario no soy rey, soy vagabundo.
Vagando
por backstage cual zombi.
Reset.
Next page. Créeme, no es por ti.
Fin de
la historia. Te llevaré en la memoria,
pero
mis sueños y besos son de otra dama, ahora.
Me
pierdo entre las barras del pentagrama,
no del
bar, en miradas y en un suspiro fugaz.
Pido
paz para aquellos que dan guerra.
Digo:
“basta” y grito hasta romper las cuerdas vocales
que
encarcelan mi garganta.
No
hacen falta, yo canto con el alma
y es la
voz quien resulta prescindible en la canción.
Y al
final somos todos iguales,
animales
movidos por el vicio.
Botellas
y delirios, sexo por puro vicio.
Perdiendo el juicio por lugares y
camas
como mares que acaban en precipicios.
Yo sigo
con mi estilo de vida:
no
tener estilo de vida, ser mi propio estilo de vida.
Rijo
mis propias leyes y aún así me las salto,
porque
soy un tío libre, siempre vivo improvisando.
Parto
de cero, supero al primero y espero,
golpeo
siempre de frente con golpes certeros.
Mareo
las palabras como un pinball,
con un
manejo que muchos quisieran y envidian.
Digo
las cosas claras. Soy breve como un ‘etcétera’,
y me
marcho tal cual vine, dejando tu boca seca.
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