jueves, 5 de septiembre de 2013

Talento

Talento que desborda cada hoja que frecuento.
Soy un ente diferente entre la gente.
El límite que tengo es el tamaño del folio,
y el único amor que siento y siempre he sentido es el propio.
El físico es el envoltorio del caramelo,
que puede ser malo o bueno,
siempre oculto tras un casco.
La cáscara, la máscara que utilizan los falsos.
El marco de ese cuadro que relata mil batallas.
“Genio”, me gritan, cuando subo a la tarima.
Con mis rimas les cautivo fácilmente y mi talento
va de boca en boca por los bares de esas locas
que derrochan sus palabras buscando respuestas tontas que no llegan.
Perdí la cabeza por culos que un día pasaron por mi lado
y me causaron la jaqueca.
Aprendí que las muñecas están huecas,
que las bellas no presumen de belleza,
que cualquier río se seca, algún día.
Verás, cuantas perras hoy querrían cortejar con este artista,
probar estos labios y gritarlo. Pero yo paso del tema.
Si me quieren por un físico idílico, no hay trato.
Trato de entender que quieren,
si es mi cuerpo o es mi alma, si hay alguien diferente.
Me bajo del escenario, aplaudo al público.
Corro a mi camerino y allí escribo lo vivido.
Sensaciones repetidas que algún día tocaran fin,
y el fin de cada escrito es hacerme sobrevivir.
Que decir, es talento.
Y no hay otra excusa burda cuando explicación no encuentro.
Nadie tiene la culpa, si ya era genio en la cuna,
si me puse un día de meta la más alta cima o duna,
giro entorno a la penuria.
Genialidad derrocho, desde aquel noventa y ocho,
desde el veintiocho de mayo hasta el foso de la muerte.
La vida va por medio, los años son de relleno
y en medida de tus actos vas siempre atado a la suerte.
Que me van a decir esos estúpidos,
si solo acepto consejos de gente mejor que yo.
A quien van a corregir esos idiotas,
si soy pura perfección, y mis errores son victorias.

Resurjo de mis cenizas cual fénix,
y hago cosas que solo habías visto en pelis.
Feliz, si aún es posible en este mundo,
y en mi reino imaginario no soy rey, soy vagabundo.
Vagando por backstage cual zombi.
Reset. Next page. Créeme, no es por ti.
Fin de la historia. Te llevaré en la memoria,
pero mis sueños y besos son de otra dama, ahora.
Me pierdo entre las barras del pentagrama,
no del bar, en miradas y en un suspiro fugaz.
Pido paz para aquellos que dan guerra.
Digo: “basta” y grito hasta romper las cuerdas vocales
que encarcelan mi garganta.
No hacen falta, yo canto con el alma
y es la voz quien resulta prescindible en la canción.
Y al final somos todos iguales,
animales movidos por el vicio.
Botellas y delirios, sexo por puro vicio.
Perdiendo el juicio por lugares y
camas como mares que acaban en precipicios.

Yo sigo con mi estilo de vida:
no tener estilo de vida, ser mi propio estilo de vida.
Rijo mis propias leyes y aún así me las salto,
porque soy un tío libre, siempre vivo improvisando.
Parto de cero, supero al primero y espero,
golpeo siempre de frente con golpes certeros.
Mareo las palabras como un pinball,
con un manejo que muchos quisieran y envidian.
Digo las cosas claras. Soy breve como un ‘etcétera’,
y me marcho tal cual vine, dejando tu boca seca.

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