Desconectar
es un lujo cada vez más restringido
y he
perdido tantas veces mi paciencia con el mundo
que
aquí estoy, sin mirar donde voy por esta vida,
haciendo
largas frases como un tren de mercancías.
Es
bueno pasar de vez en cuanto un rato a solas,
cantar
durante horas a un público imaginario.
Una de
las desventajas de haber sido hijo único,
es que
a veces estás solo sin haber querido estarlo.
Vago
por sentimientos ya perdidos por no usarlos,
el
sabor de la victoria que evitó cada fracaso
y el
paso del tiempo, presente en cada momento.
Quedé
seco en el otoño y ahora vivo en un invierno.
Y un
infierno sería no tenerte aquí a mi vera.
Primavera
que trajiste tú con solo darme un beso.
Y te
prometo, que cantaré con voces casi tristes.
Transformaste
el verso doce, el último que allí leíste.
Que no
acabe en Gijón lo que empezó en Valdevimbre,
pues si
te quise en León, ¿en Asturias por qué no, dime?
Quiero
convertir cada rincón en lavadero,
besarte
bajo el muérdago en Enero,
romper
con tus esquemas otra vez,
no
esperabas quererme y ahora, ¿ves?
Recuerda
el veintitrés, los besos en tu piel,
nueve
cifras que aprendí leyendo solo una vez,
los
abrazos bajo el saco y la alameda de paisaje en ese cuadro,
la risa
que sacaba cada mordisco en el labio,
el
lunar de tu cuello, tus ojos siempre perfectos y me callo,
no
quiero parecer otro pesado enamorado.
Vuelve
a hacerme sentir tanto éxtasis,
ya
sabes que te quiero…