sábado, 13 de julio de 2013

Sexo verbal

Londres y New York en mi habitación.
Tras la ventana solo veo Gijón y nada de sol.
Es ya costumbre, que la calle este vacía
y el boli sea mi lumbre.
Que las paredes se derrumben.
Soy la inspiración en persona,
una garganta satisfecha de las notas que le brotan,
unos ojos que se dice que reflejan el alma,
y una espalda curtida en mil peleas y batallas.
No hay guerrero sin cicatrices.
No existen finales tristes, al final, todos felices.
¿Ser feliz hasta el fin? Es imposible.
Tú vive el día a día. El futuro es impredecible.

Habitación en silencio, ruido en la calle.
Como cambia con las horas el paisaje, y todo eso.
Sigo preso de este lápiz que cautiva con su baile por los versos.
Mis pensamientos se vuelven expertos según avanza la tarde
y se me va escapando el tiempo.
El reloj de la pared marca las diez.
Mi infancia en el ayer, mañana la vejez.
Estrés, al ver que todo se va tan deprisa.
Corre, dame un papel y algo que escriba.
Quiero plasmar este momento y
vivir hasta morir en un lugar digno de cuento.
Lejos del mundo en el que vivo,
donde el presente vuelve y a la vez también se ha ido.
Y, ¿qué más da el camino que recorra?
Escoja el que escoja el final siempre será el mismo.
Pero vale la pena.
Me dejo de tanta reflexión y vuelvo a la tarea
que teníamos hace un rato, apenas.

El invierno es un infierno entre tus piernas,
por el calor y el dolor que trae dejar de verlas,
cuando coges tus zapatos de tacón, cierras la puerta
y sales de la habitación, pero no de mi cabeza.
Tus dientes color perla, tus ojos de canela,
y tu sonrisa mientras me besas.
Labios sabor de fresa, noches de luna llena.
No eres la perfección, pero te acercas.
Da igual lo que prometa entre estas paredes,
el sexo bajo el flexo fue el mejor de los placeres aquí vistos.
Te beso, luego existo.
Apaga ahora la luz y, si eso, a oscuras seguimos.

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