Éxtasis
corriendo por tus venas, mis dedos por tu cuerpo,
tu boca
en cada esquina de mi cuello.
Tus
piernas que me encierran, tu olor a caramelo,
las
sábanas que atrapan la pasión de este momento.
Sexo a
escondidas del mundo, llegando a lo más profundo.
Sigo
buscando mis límites mientras exploto tu timidez.
No hay
príncipes en camas, solo chulos, putas, también,
pero aquí,
lejos del mundo, no hacemos daño a nadie.
Y me
divierte verte mordiéndote la boca al otro extremo del sofá.
Me
acerco y pido más. Prometo no parar.
Este
polvo en cientos de años, gente aún lo recordará.
Nos
oirán en cualquier piso, ni escondiendo los gemidos,
conseguiremos
pasar desapercibidos.
¿Quién
dijo que esto es vicio? ¿Quién puso los prejuicios?
Lo
hacemos por amor, por juntar nuestros latidos.
Experimento,
exploro debajo de tu ombligo.
Pruebo
cada postura con la música en tu oído.
Perdido
por las curvas de tu cuerpo,
inmortalizo
este momento,
te cojo
y no te suelto, inundo con mi fuego.
Y es
mutuo, lo intuyo por tu piel de gallina,
también
por el “no pares” que dedicas a mis oídos,
pitando
en cada arañazo y cada mordisco,
bajando
el cuerpo, subiendo el ritmo.
¿Sexo
por despecho o por amor? Aún no sé lo que es mejor,
y me
pone cuando pones más leña en el asador.
No me
creo estar follándote, monada, y ya es rutina,
pensar
que eres la niña buena fuera de la cama…
Quién
lo diría, pues tu cara es la misma,
pero
los gestos que muestras me demuestran que amas esto.
Gime,
grita, demuestra que eres tú y que te oigan,
que maldicen
en nosotros por tocar temas tabú.
Y yo,
odio la esclavitud frente a este tema.
Se
molestan como si ellos no lo hicieran.
Disfrutamos
de nuestra juventud, no hay más,
así que
menos quejas, y más follar.
Y está
llegando el final y terminamos,
si
quieres continuarlo repetimos,
mientras
sea contigo, en la cama o en el baño,
en la
pared, en cualquier sitio,
querernos
el uno al otro no es delito.
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