No será
hoy el día que haga historia,
ni me
cubriré de gloria ni lujuria.
A ojos
de los de arriba tan solo somos escoria.
Lo
contempla un Dios inerte, que se calla, aunque no otorga.
Como
una puta, observó mi sufrimiento de pequeño,
tardes
llorando en que solo oía su silencio.
Ni mis
rezos ni mis súplicas, solucionaron nada,
ni mis
quejidos ni lágrimas ahogadas en la almohada.
¿Dónde
estabas? ¿Tú? Hijo de puta.
No hay
cielo ni hay infierno. Nada me espera en la tumba.
O
quizás mi alma salga y se meta en otro bebé,
y esta
vida quede muerta y nunca la recordaré.
No lo
sé y, sí, temo a la Parca,
pero
que me lleve a mí, no a los de casa.
Siempre
está ahí su amenaza, sin verse, como un fantasma.
¿Quién
me dice que no va a venir a por mí mañana?
Y Dios,
no creo en ti.
¿Dónde
estás en esas casas? ¿En el maltrato infantil?
¿En las
guerras? Tú, ser vil.
No
proteges a indefensos. Siento asco hacia tu clero.
Formaste
una secta más promovida por catetos.
Somos
presos de una iglesia que nos mete en el cerebro,
que los
aciertos son tuyos y los errores son nuestros.
Y me
niego a ser un borrego más siguiendo el juego,
y en
protesta, discreta y concreta, levanto un dedo.
Yo
también tengo problemas y aún así echo una mano a los demás,
siempre
que puedo, porque ayudar es humano.
Otros
se quedarían tuertos por dejar ciego al de al lado,
pero,
¿qué ganan con eso, so payasos?
Soy de
pensamientos fijos, le duela a quien le duela.
Sé que
un puto crucifijo es solo una cruz de madera.
Simbolismos
a la mierda, me quedo con lo que veo:
una
iglesia que es movida por codicia y por dinero.
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