martes, 12 de febrero de 2013

#10 Luces de ciudad


Son las 11 de la noche cuando el sale del trabajo,
una caja de bombones y una rosa bajo el brazo.
Cae la lluvia sobre el coche, cae en la carretera.
Él va pensando, sin derroche, en lo que ahora más desea.

Y es que él quiere darle a ella cada parte de su vida,
y solo piensa en la princesa que le alegra cada día.
Las sonrisas son sinceras, los besos, apasionados,
y que digan lo que quieran de estos dos enamorados.
Que después de tantos años siga ardiendo su llama,
y que de besos y abrazos llenen juntos esta casa.

Toda historia de amor tiene sus altos y bajos
si recorres el camino. Aquí no valen atajos
que te lleven al final de este cuento de unos cuantos.
Un puñado de princesas, sus príncipes respectivos,
a lo largo de su historia se pierden por el camino.
El amor es impreciso, imperfecto en su contexto,
incorrecto en su sentido, y aun así, él sigue queriendo.

Preso de sus pensamientos, conduce a contracorriente,
contra el viento, contra el tiempo, que le para y deja inerte.
Aunque, sigue haciendo planes, en su mente, lentamente,
en su cabeza suenan bien, en el aire diferentes.
¿Y si esto no es amor? ¿Y si es una fantasía?
¿Y si hay algo mejor que le espera en esta vida?

Se ha vuelto extraño, tras tantos años, y ya no confía,
en lo que hace un segundo tan bueno le parecía.
No es ninguna enfermedad, ni una bipolaridad,
quizás sea una habilidad, melancólica y nostálgica.
Quizás sea esta radio y la balada que ahora suena,
o ese instinto adictivo de llorar por pura pena.

El amor se le evapora, cambia el ritmo de su vida,
pasan minutos y horas, algo malo se avecina.
Ya se siente en el ambiente, se respira en la ciudad,
lo presienten estas luces, que iluminan el portal.
Donde ella, pobre princesa,
sigue esperando al príncipe que nunca llega..

Y así él para en el arcén, asustado observa el vals,
de la lluvia en el cristal, de las gotas el vaivén.
Ya ni siquiera recuerda, donde va y de donde viene,
el rostro de su princesa, de su mente ya lo pierde.
Un golpe, un jarro de agua fría, le despierta deja harto,
sabe con rara certeza, que ella sigue ahí en su cuarto.
No, se ha ido para siempre, y se muere poco a poco,
 estate atento a lo siguiente, así es como nace un loco.

Sin el amor lo que nos queda es una noche más sin luna,
pierdes tú estrella fugaz y mueres en la negrura.
Mira tú que coincidencia, esta noche brilla oscura,
aunque las luces de ciudad se enciendan con amargura.

El destino le ha marcado, como a un triste desgraciado.
Sin camino que seguir, sin protección de su lado.
Y ya no hay frases intermedias en esta tragicomedia,
de su vida, despedida a la salida de autopista.
Y así arranca y continúa, hacia el que era su destino.
Con cordura por momentos, vuelve al fin a ser sí mismo.
Pero esto es solo una máscara, que al poco se resquebraja
y deja entrever al loco que detrás de ella se guarda.

Y te miento si te digo no sentirme identificado,
otro loco al que el amor ha dejado destrozado.
Me ha fallado el corazón como a éste la conciencia,
yendo en dirección contraria quizá a ciento cuarenta.
Metido en mi propio mundo, tantas ilusiones rotas.
Tantas ganas de vivir que he echado por la borda.

La vida te lo da todo, cuando quiere te lo quita,
guarda bien lo que más quieres por si un día lo necesitas.
También lo he pasado mal, pero te seré sincero,
este cruel golpe frontal es bastante más certero.
Dijo el último suspiro, pensando que no había nada,
después de cerrar los ojos encontraría descanso y calma.
Cuantos mueren cada día, sin aún cumplir sus sueños,
cuantas promesas perdidas, con cada paso del tiempo.
Podría contar los latidos que escuché con una mano,
podría decir que murió pensando que no era amado.

Sin el amor lo que nos queda es una noche más sin luna,
pierdes tú estrella fugaz y mueres en la negrura.
Mira tú que coincidencia, esta noche brilla oscura,
aunque las luces de ciudad se enciendan con amargura.

enolbc
12-13

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