Son las 11 de
la noche cuando el sale del trabajo,
una caja de
bombones y una rosa bajo el brazo.
Cae la lluvia sobre
el coche, cae en la carretera.
Él va pensando,
sin derroche, en lo que ahora más desea.
Y es que él
quiere darle a ella cada parte de su vida,
y solo piensa
en la princesa que le alegra cada día.
Las sonrisas
son sinceras, los besos, apasionados,
y que digan lo
que quieran de estos dos enamorados.
Que después de
tantos años siga ardiendo su llama,
y que de besos
y abrazos llenen juntos esta casa.
Toda historia
de amor tiene sus altos y bajos
si recorres el
camino. Aquí no valen atajos
que te lleven
al final de este cuento de unos cuantos.
Un puñado de
princesas, sus príncipes respectivos,
a lo largo de
su historia se pierden por el camino.
El amor es
impreciso, imperfecto en su contexto,
incorrecto en
su sentido, y aun así, él sigue queriendo.
Preso de sus
pensamientos, conduce a contracorriente,
contra el
viento, contra el tiempo, que le para y deja inerte.
Aunque, sigue
haciendo planes, en su mente, lentamente,
en su cabeza
suenan bien, en el aire diferentes.
¿Y si esto no
es amor? ¿Y si es una fantasía?
¿Y si hay algo
mejor que le espera en esta vida?
Se ha vuelto
extraño, tras tantos años, y ya no confía,
en lo que hace
un segundo tan bueno le parecía.
No es ninguna
enfermedad, ni una bipolaridad,
quizás sea una
habilidad, melancólica y nostálgica.
Quizás sea esta
radio y la balada que ahora suena,
o ese instinto
adictivo de llorar por pura pena.
El amor se le
evapora, cambia el ritmo de su vida,
pasan minutos y
horas, algo malo se avecina.
Ya se siente en
el ambiente, se respira en la ciudad,
lo presienten
estas luces, que iluminan el portal.
Donde ella,
pobre princesa,
sigue esperando
al príncipe que nunca llega..
Y así él para
en el arcén, asustado observa el vals,
de la lluvia en
el cristal, de las gotas el vaivén.
Ya ni siquiera
recuerda, donde va y de donde viene,
el rostro de su
princesa, de su mente ya lo pierde.
Un golpe, un
jarro de agua fría, le despierta deja harto,
sabe con rara
certeza, que ella sigue ahí en su cuarto.
No, se ha ido
para siempre, y se muere poco a poco,
estate atento a lo siguiente, así es como nace
un loco.
Sin el amor
lo que nos queda es una noche más sin luna,
pierdes tú
estrella fugaz y mueres en la negrura.
Mira tú que
coincidencia, esta noche brilla oscura,
aunque las
luces de ciudad se enciendan con amargura.
El destino le
ha marcado, como a un triste desgraciado.
Sin camino que
seguir, sin protección de su lado.
Y ya no hay
frases intermedias en esta tragicomedia,
de su vida,
despedida a la salida de autopista.
Y así arranca y
continúa, hacia el que era su destino.
Con cordura por
momentos, vuelve al fin a ser sí mismo.
Pero esto es
solo una máscara, que al poco se resquebraja
y deja entrever
al loco que detrás de ella se guarda.
Y te miento si
te digo no sentirme identificado,
otro loco al
que el amor ha dejado destrozado.
Me ha fallado el corazón como a éste la
conciencia,
yendo en dirección contraria quizá a ciento
cuarenta.
Metido en mi propio mundo, tantas ilusiones
rotas.
Tantas ganas de vivir que he echado por la
borda.
La vida te lo da todo, cuando quiere te lo
quita,
guarda bien lo que más quieres por si un día lo
necesitas.
También lo he pasado mal, pero te seré sincero,
este cruel golpe frontal es bastante más
certero.
Dijo el último suspiro, pensando que no había
nada,
después de cerrar los ojos encontraría descanso
y calma.
Cuantos mueren cada día, sin aún cumplir sus
sueños,
cuantas promesas perdidas, con cada paso del
tiempo.
Podría contar los latidos que escuché con una
mano,
podría decir que murió pensando que no era
amado.
Sin el amor
lo que nos queda es una noche más sin luna,
pierdes tú
estrella fugaz y mueres en la negrura.
Mira tú que
coincidencia, esta noche brilla oscura,
aunque las
luces de ciudad se enciendan con amargura.
enolbc
12-13
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