Camino
cabizbajo y triste por las calles,
con la
sangre en mis nudillos de tantos golpes en balde
contra la
pared. Dejadme, joder, quiero sentirme vivo,
sin que
me hiera nada más, digo.
Era
cautivo dentro de un cuento de hadas,
de
sentimientos adictivos y mentiras enlazadas
que me
hicieron creer que el amor existía,
cuantos
engaños, cuantos golpes... quién lo diría.
¿Miradas
que matan? Me mata que no me mires,
y que al
pasar a mi lado, me ignores y ni respires.
Olvidaste
los momentos que pasamos juntos,
me muero al ver que perdí lo que antes era mi mundo…
Pero no puedo hacer nada más que gritarle a la almohada,
y quejarme al cielo por tenérmela jurada.
La ropa calada, la piel empapada,
llueve sobré mí agua, penas y nostalgia.
Me pregunto si pensaste en mí desde que lo dejamos,
si miraste nuestras fotos, escupidas del pasado.
Si quisiste curar mi corazón roto, si lloraste por perderme
como quien pierde a un hermano.
Escribiendo esta carta que no leerás nunca,
sacando de mi cuerpo tanta rabia y tanta culpa,
curando las heridas tuyas tumbado en la cama,
no esperó que algún día entiendas esta mente tan extraña.
No hay canción que me comprenda, ni que plasme lo que
siento,
no hay boca que me bese como besaban tus besos.
Solo tengo la esperanza de encontrarte en otra vida,
si es que existe, porque esta ya está perdida.
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