sábado, 23 de marzo de 2013

1.- Prefacio

Las noches se hacen largas, los días se hacen cortos,
la llama de mi vida va y se apaga poco a poco.
Echo de menos mi infancia, sin preocupaciones,
sin herir los corazones con unas simples palabras.
Cada día que pasa se me escapa entre los dedos,
igual que el anterior,  y no depara nada nuevo.
Mi cuerpo vacío, una cáscara sin alma.
Como ese turbio río que acaba en el mar en calma.
Las horas se hacen iguales, monotonía a diario.
Aquí lo único que cambia es el día en el calendario.
Tanta prisa por crecer, que no disfruté el ser niño,
se ha borrado ya el camino y no puedo volver.
Viene a mi boca seca el sabor de la amargura,
golpes duros que me hicieron cicatrices ya sin cura.
Tengo que echar el freno si voy demasiao’ deprisa.
Me paro y me fijo en cosas en que jamás me fijaría.
Ya no río al despertarme, ni canto por las tardes,
me refugio en mi cuarto o vago por las calles,
grito a oscuras por las noches pero aquí no acude nadie.
A veces pienso que, aunque vivo, vivir así es en balde. 
 
He perdido la esperanza y aunque busco no la encuentro,
quizás ya no exista o sea cosa del pensamiento
negativo del que soy cautivo, pido perdón si guardo
más penas de las que digo. No puedo soltarlo todo
sin quedarme vacío y sin cimientos.
Escucha atento, es lo único que pido.
Miro por la ventana, escapar suena a utopía,
Mi habitación, mi prisión, aunque nadie lo diría.
Pasan días y días y no encuentro a esa persona,
parece que algo falla, mi corazón no funciona,
como debería. Se hace larga la rutina,
ya paso de cualquier tía, sus curvas no me enamoran,
como antes solían.
Quizás he madurado y no miro apariencias,
busco en el interior y lo único que encuentro es mierda.
Si la gente esta podrida y yo falto de experiencia,
espero sin prisa al tiempo que devuelva mi paciencia.
Que las penas serán penas, aún ahogadas en bebida.
Que los malos serán malos, aunque engañen con mentiras.
Yo y mis buenas compañías, me hicieron creer que el mundo
era un mundo de alegrías. Que iluso…
Esperando a su Julieta, este Romeo se quedó mustio,
incumpliendo las promesas que algún otro tonto cumplió.

Aquí acaba mi prefacio, quizás algún día epitafio,
no te pierdas ningún verso, si hace falta ve despacio.
Lo que importa es la belleza que se esconde en mis palabras,
te aseguró con certeza, que si esto algún día se acaba,
levantaré mi cabeza de esta tumba que me guarda.

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