la
llama de mi vida va y se apaga poco a poco.
Echo de
menos mi infancia, sin preocupaciones,
sin
herir los corazones con unas simples palabras.
Cada
día que pasa se me escapa entre los dedos,
igual
que el anterior, y no depara nada nuevo.
Mi
cuerpo vacío, una cáscara sin alma.
Como
ese turbio río que acaba en el mar en calma.
Las
horas se hacen iguales, monotonía a diario.
Aquí lo
único que cambia es el día en el calendario.
Tanta
prisa por crecer, que no disfruté el ser niño,
se ha
borrado ya el camino y no puedo volver.
Viene a
mi boca seca el sabor de la amargura,
golpes
duros que me hicieron cicatrices ya sin cura.
Tengo
que echar el freno si voy demasiao’ deprisa.
Me paro
y me fijo en cosas en que jamás me fijaría.
Ya no
río al despertarme, ni canto por las tardes,
me
refugio en mi cuarto o vago por las calles,
grito a
oscuras por las noches pero aquí no acude nadie.
A veces
pienso que, aunque vivo, vivir así es en balde.
He
perdido la esperanza y aunque busco no la encuentro,
quizás
ya no exista o sea cosa del pensamiento
negativo
del que soy cautivo, pido perdón si guardo
más penas
de las que digo. No puedo soltarlo todo
sin
quedarme vacío y sin cimientos.
Escucha
atento, es lo único que pido.
Miro por
la ventana, escapar suena a utopía,
Mi
habitación, mi prisión, aunque nadie lo diría.
Pasan
días y días y no encuentro a esa persona,
parece
que algo falla, mi corazón no funciona,
como
debería. Se hace larga la rutina,
ya paso
de cualquier tía, sus curvas no me enamoran,
como
antes solían.
Quizás
he madurado y no miro apariencias,
busco
en el interior y lo único que encuentro es mierda.
Si la
gente esta podrida y yo falto de experiencia,
espero
sin prisa al tiempo que devuelva mi paciencia.
Que las
penas serán penas, aún ahogadas en bebida.
Que los
malos serán malos, aunque engañen con mentiras.
Yo y
mis buenas compañías, me hicieron creer que el mundo
era un
mundo de alegrías. Que iluso…
Esperando
a su Julieta, este Romeo se quedó mustio,
incumpliendo
las promesas que algún otro tonto cumplió.
Aquí
acaba mi prefacio, quizás algún día epitafio,
no te
pierdas ningún verso, si hace falta ve despacio.
Lo que
importa es la belleza que se esconde en mis palabras,
te
aseguró con certeza, que si esto algún día se acaba,
levantaré
mi cabeza de esta tumba que me guarda.
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