fuera
dulce o fuera amargo, fuera llueve, el tiempo pasa.
Se
lleva con él las personas que hoy añoro,
las
cuidé como a un tesoro, antes de que me arrebataran
esa
alegre sensación de que te esperan en casa.
Mi
carcasa, mi coraza se resquebraja si faltan.
Cuando
vuelvas de un día duro, del colegio o del trabajo,
la
comida no va a estar más puesta sola sobre el plato.
Extraño
a diario momentos con mi familia,
antes
de que nos separasen para siempre, de por vida.
Una
persona no muere, si queda alguien que las quiere,
juro,
por mucho que espere, que algún día los voy a ver.
Es lo
que queda, joder, rezar por que vaya bien.
Que me
observen desde arriba, desde el centro del edén.
Que
allí podamos ser, inmortales para siempre,
soy el
fruto de tu vientre y nunca te olvidaré.
Pero
estoy solo, me han jodido demasiado,
me tocó
echarle cojones y olvidarme del pasado.
Ya ha
pasado lo peor y he basado mi canción
en los
hechos que cubrieron esos días de dolor.
Así que
no habléis de amor, ni de finales felices,
porque
a mí me dicen más, lágrimas y cicatrices.
Y
perdón por ser sincero, y es que por mucho que espero
no veo
salir el sol.
Pido
que cumplan las promesas que me hicieron algún día,
esas de
que al ser mayor, siempre feliz estaría.
Que mi
vida sería un puto cuento de hadas.
¿Dónde
están ahora, dime? ¿Atrapadas, enjauladas?
A
patadas me trataron los que ahora se arrepienten,
sigo
firme aunque me cueste, y a traición, indiferente.
Estoy
solo, acabé solo porque solo me he criado,
ese
niño que jugaba de pequeño a ser soldado,
el que
se hizo fuerte tras llorar demasiado,
y
puñaladas al costado, que le hicieron darse cuenta,
que en
la vida días buenos, uno de cada cincuenta.
Cada
tormenta intentó minarme un poco,
pero yo
soy de esos locos que no abandonan sin dar guerra.
Tanta
piedra en el camino y tropieza todo el mundo,
si
quieres, dame la mano y acabemos esto juntos.
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