Camino
solo. Yo no me traigo una tropa,
y los
insultos me resbalan por la ropa.
De
moratones recibidos el cuerpo marcado.
Traigo
la mente fría y el corazón quemando.
Siempre
hubo críticas hacia mi persona, con maldad,
y ya
estoy hasta la polla,
de tíos
sin personalidad y putas volviéndose locas
si les
dices a la cara que maduren.
No se
porten como zorras,
que no
hay alcohol, que no hay droga,
que
cure inseguridades.
Que son
bares, no hospitales, y morís en cada copa.
Venga,
ve a casa, tonta.
Hazte
otra foto echando humo por la boca.
Presume
de que fumas, estate siempre a la moda.
¿A qué
esperas, idiota? Emborráchate hasta el coma.
Cuéntalo
entre esas amigas a las que odias
y
envidias. Que tristes pasan tus horas…
Ahora
tienes lo que siempre has merecido,
no
culpes a Cupido, tú seguiste tu propio camino.
Y yo no
soy tu amigo, solo te aconsejo:
nunca
es tarde pa cambiar lo que ves en el espejo.
Que
lástima. La pequeña se hizo grande,
y ahora
busca un lugar alto pa tirarse…
Nadie
la mira fuera de su habitación
y se
corta con cuchillas para captar la atención.
Los
psicólogos no entienden. No es problema mental.
Es su
falta de autoestima lo que a ella le va mal.
Quiere
ser especial pero para eso no vale,
y
decide retocar las fotos en las que sale.
Le
puede la presión, nadie la entiende.
Nadie
nunca la entendió. Fue diferente desde siempre.
Toma la
decisión que hubiera creído imposible.
Deja
una nota ilegible, se va sin despedirse.
Por el
camino no se para. No duda, llora y calla.
No
existen los amigos, la esperanza.
Va
despacio hasta el puente. Coge aire y
salta.
Al día
siguiente es portada en el periódico,
y las
crónicas hablan de problemas psicológicos.
Sus
padres de llorar afónicos, en el tanatorio.
Y los
que le hicieron daño ahora socios del insomnio.
Es triste
el cementerio con su tumba tan pequeña,
y
enfrente de ella, personas rezan.
El
epitafio dice una frase de su libreta:
“Si no
fui libre en vida tal vez hoy sí que lo sea…”
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