Callad,
coño, no escucho mis latidos.
¿Será qué estoy muerto o qué hacéis mucho
ruido?
Espero que sea lo primero,
no quiero pasar ni un segundo más entre los
vuestros.
Doy por perdidos a esos trescientos amigos,
que se convirtieron en guerreros espartanos enemigos
al menor descuido. Y les he vencido.
Todos traidores, excepto cuatro o cinco, quizás.
Los demás, joderos, os miro desde arriba,
cada día, un poco más lejos.
La vida es como la carretera en campo a altas
horas,
tienes que estar atento por si se te cruzan
zorras,
y esquivarlas. Mandarlas a tomar por culo,
como a esos gilipollas que quieren comerse el
mundo
y solo besan el suelo. Ingenuos,
esto es esfuerzo, dedicación, tener ingenio,
entregar el corazón a cada rima.
Sacrificar tu tiempo por unos versos que
suelen acabar en la basura.
Constancia pura. Esperanza a oscuras.
No hago rap de diez, pero en diez años será
una locura, lo sé.
Así que hablad mierda a la espalda, si queréis.
Venid de cien en cien, si queréis.
Tiradme cuchillos también, si queréis.
Que aunque me pilléis desprevenido, os los
devolveré.
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