La vida es un viaje.
Un día, sin pedirlo ni quererlo, nacemos. Nos encontramos con este mundo loco y no sabemos por donde empezar a recorrerlo. Casi sin darnos cuenta, los años se escapan entre los dedos, dejando a su paso buenos y malos momentos. La mayor parte de ellos se pierden en el olvido al cabo de un tiempo, como si nunca hubieran sucedido, por mucho que te hiciesen disfrutar o llorar cuando transcurrieron.
Luego, los que quedan son los más cabrones. Los malos o vergonzosos te recuerdan tus errores y equivocaciones. Los buenos te hacen sentir melancolía en esas largas tardes a solas. Conclusión: no se puede vivir pensando en el pasado.
¿El futuro? Es un sueño, una imaginación, un plan a corto o largo plazo, que acaba saliendo mal. Conclusión: no se puede vivir pensando en el futuro.
Escuché una vez: "Solo hay dos días al año en los que no puedo hacer nada: ayer y hoy", y que gran verdad. Quizás valga la pena mirar de vez en cuando al pasado y mirar de reojo al futuro, pero sin olvidarse de vivir en el presente, disfrutar cada momento, aprovechar cada minuto.
Carpe diem.
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