Soy un
poeta loco en la madrugada
de esta
noche rota, preso de mi almohada.
Perdido
entre las sábanas de esta cama vacía,
tú la
llenabas, pero te fuiste con el alba.
Me
dejaste solo, como un niño pequeño esperando
que
llegue su madre y le arrope con un beso.
La vida
es eso, pérdidas.
Amores
que se van, relaciones que terminan.
Tardes
interminables sin planes, se hacen fatídicas.
Espídica
canción, la voz de Sharif me inspira.
Mi
corazón en tu vitrina. Tu último trofeo, yo.
Borrón
y cuenta nueva, suspiro y adiós.
Me
centraré en serme fiel,
entregarme
al papel y no a mujeres
que
digan que me quieren y luego ya ves…
Pura
palabrería.
El rap
sí que me ama y no me engaña con mentiras.
Verás,
no es que quiera ser brusco,
simplemente
no eres lo que busco y punto.
Me di
de baja en el servicio de amor a primera vista,
pues
nunca son realistas, como todo en este mundo.
¿Y qué
más da lo que opinen de mí y hablen a espaldas?
Lo que
quieran decir, que lo digan, me da igual…
Yo
triunfé, gané, me caí, me levanté.
Soy de
carne y hueso, a veces cruel, también.
Hablo
sin pensar y me puede el orgullo,
pero
amo más que nadie en este mundo.
Soy
agresivo y cariñoso, de efecto mutuo.
A veces
me equivoco y me confundo,
pero
recuerda,
yo soy
mi único juez, tu opinión no cuenta,
no intentes
darme guerra porque puede ser que pierdas.
Y no
quiero ir de chulo pero, perdona,
no
deberías culpar al ganador por tus derrotas.
Y
verás, no es que quiera ser brusco,
simplemente
no eres lo que busco y punto.
Me di
de baja en el servicio de amor a primera vista,
pues
nunca son realistas, como todo en este mundo.
Acabar
una canción y empezar otra,
esta es
la vida del poeta, letras perpetuas.
Pero el
texto y el esfuerzo
valen
la pena por el placer de leerlo y pensar:
“Joder,
¿yo he escrito esto?”.
La
recompensa más preciada:
ser
feliz conmigo mismo indiferente a la marea.
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